domingo, 12 de enero de 2020

Derechos Humanos: una luz se enciende en Santiago

Hace algunos años leí, en algún texto vinculado a la historia reciente –reconozco que no recuerdo en cuál–, unos apuntes desclasificados sobre un espía que en plena Guerra Fría informaba a sus superiores que algo raro sucedía en Montevideo. Les explicaba que era un día de semana, en horario laboral, en verano y las playas estaban atiborradas de gente. Por ende, o nadie trabajaba o cabía la posibilidad de que existieran muchos otros espías.
Es que enero es un mes especial en muchos de los países de América Latina. El arribo de la temporada estival en el Río de la Plata hace que las calles de Montevideo, por ejemplo, estén reservadas para unos pocos que no se pudieron ir de vacaciones, que las avenidas sean fácilmente transitables por los vehículos y que por momentos desaparezca el tibio estrés que puede existir de este lado del charco.
Esa calma temporal choca y se da de bruces con lo que sucede en otros puntos de la región, donde las revueltas, las luchas y la resistencia de unos cuantos no dan tregua. Es que las urgencias no saben de vacaciones.
Millones de personas continúan reclamando sin cesar por sus derechos vulnerados –los más elementales en algunas oportunidades–, en movilizaciones que trascienden nuestra América Latina y que también alcanzan países del primer mundo, como Francia y España. Individuos que, en determinados casos, son reprimidos con toda la fuerza de gobiernos que no escatiman en palos, balas, ni gases; ni se responsabilizan por cegueras, mutilaciones o incluso muertos.
Con ese marco coyuntural una luz que puede convertirse en esperanza se encendió en Chile, que desde la Comisión de Derechos Humanos del Senado ha propuesto un alto, una instancia de pensamiento, reflexión y acción, con actores políticos y sociales de primer nivel de muchos países latinoamericanos, Canadá, Francia y España.
En América Latina, y en el mundo entero, siguen existiendo desigualdades gigantescas en el marco de los derechos humanos, en países como Uruguay por ejemplo, durante los gobiernos frenteamplistas se realizó una verdadera revolución, que ahora deberá protegerse: matrimonio igualitario, ley de interrupción voluntaria del embarazo, ley integral para personas trans, legalización de la venta de marihuana para uso recreativo y medicinal, regularización del trabajo doméstico, jornadas de ocho horas para los trabajadores rurales, leyes de responsabilidad empresarial y un largo etcétera sobre el que se debe seguir avanzando.
Pero el Foro de Derechos Humanos –entre el 23 y 25 de enero– es en Chile, un país en donde aún está vigente la Constitución de Pinochet, y donde resulta imprescindible avanzar en verdad, justicia y reparación; y donde entre otras figuras mundiales estará presente el juez español Baltasar Garzón, quien promovió una orden de arresto contra el dictador trasandino por sus crímenes de lesa humanidad.
Además del jurista andaluz se encontrarán varios de los más destacados profesionales del derecho, que no deberían dejar pasar la oportunidad de desentrañar los mecanismos de la tan mentada judicialización de la política y dotarnos de herramientas o alternativas para resguardar a nuestras sociedades.
Una oportunidad diferente, una alternativa, un momento de pienso colectivo y de acción, luego dependerá de nosotros interpretar un nuevo instrumento cuya melodía ampare a los más desprotegidos y garantice la igualdad y los derechos de todos.

Publicado en:
El Hurón. Edición del 8 de enero de 2020.
El Siglo de Guatemala. Edición del 8 de enero de 2020.
Prensa Objetiva de Guatemala. Edición del 8 de enero de 2020.
Magangué Hoy de Colombia. Edición del 9 de enero de 2020.
El Nuevo Diario de República Dominicana. Edición del 9 de enero de 2020.
El Periódico de Tarija, Bolivia. Edición del 9 de enero de 2020.
Pueblo Guerrero de México. Edición del 9 de enero de 2020.
Nuevo Sur de Bolivia. Edición del 10 de enero de 2020.
La República de Uruguay. Edición del 13 de enero de 2020.
Diario Extra de Costa Rica. Edición del 18 de enero de 2020.

sábado, 14 de diciembre de 2019

La insumisión, rebelarse y resistir

A mediados de octubre de 2018 los informativos uruguayos, en su sección internacional, difundían imágenes donde se apreciaba a la policía ingresando a una finca, entre forcejeos y griteríos de los presentes. La sorpresa fue grande, cuando en los gráficos de la pantalla se anunciaba que los hechos eran en la sede de un partido político de Francia.
Las fuerzas del orden galas decidieron en ese momento allanar la sede de la Francia Insumisa para buscar elementos que probaran la financiación ilegal de la última campaña electoral. Pruebas que nunca hallaron. Ante esa situación, Jean-Luc Mélenchon, líder del partido, junto a otros integrantes del colectivo reaccionaron verbalmente, lo que concluyó con un juicio y posterior sentencia, el pasado 9 de diciembre, de tres meses de prisión (excarcelable) y pago de 8 mil euros por el delito de rebelión.
La rebelión es un delito que se encuentra seguramente en las normativas de la mayoría de los países democráticos. Se trata de una infracción contra el orden público, que por lo general se vincula al levantamiento y a la “hostilidad” ciudadana contra los poderes del Estado.
De rebelión también fueron acusados por la Fiscalía los independentistas catalanes que se encuentran presos, aunque finalmente fueron procesados por subversión.
Sería inocente pretender que los poderes del Estado no tengan mecanismos que los protejan de ser agredidos, pero la Justicia –siempre afín a los poderosos de turno en todos los países– por lo general actúa desmedidamente cuando se trata de proteger a sus instituciones que cuando debe hacer lo propio con los ciudadanos de a pie.
Esto no sucede solo en Europa, por el contrario, en los últimos meses hemos asistido a desbordes gubernamentales en muchos países de América Latina, con grandes sectores del pueblo que decidieron rebelarse ante claras injusticias y fueron reprimidos por las administraciones, sin que estas sufran perjuicio alguno.
Va para dos meses la rebelión chilena que reclama cambios profundos en la política neoliberal trasandina y una reforma de la constitución pinochetista. La represión dejó como consecuencia al menos veinticinco muertos, miles de heridos –muchos perdieron la vista por las balas de goma de los carabineros– y casi diez mil arrestados. Las violaciones a los derechos humanos, además, están a la orden del día.
Doce días duró la rebelión callejera en Ecuador, resistiendo al “paquetazo” de medidas que impulsaba el presidente Lenín Moreno. El saldo fue de 8 muertos, más de 1300 heridos y un millar de personas detenidas.
También Bolivia se encuentra en un estado de emergencia. El país fue víctima de un golpe de Estado y la nueva administración reprimió la rebelión ciudadana, generando una treintena de muertos, y cientos de heridos.
En Brasil un día sí y otro también se conocen desbordes gubernamentales, gatillo fácil y violaciones de derechos humanos, además de promoverse un proyecto de ley de inmunidad judicial para policías y militares.
En Uruguay, se anuncia de parte de integrantes del nuevo gobierno que se suprimirá el derecho de ocupación de los puestos de trabajo como medida sindical y dejará de priorizarse a los trabajadores sobre el empresariado.
Cuando los derechos de los trabajadores, los estudiantes, los pobres, los pueblos originarios y las minorías en general son agredidos, no puede sorprender a nadie que estos se rebelen ante la injusticia y opten por salir a las calles, en un acto de resistencia e insumisión. La protección de estos “rebeldes” debería ser tan importante para la justicia como el de los poderes del Estado por los cuales siempre velan.

Publicado en:
El Siglo de Guatemala, edición del 11 de diciembre de 2019.
Semanario Voces de Uruguay, edición del 12 de diciembre de 2019.
El Nuevo Diario de República Dominicana, edición del 13 de diciembre de 2019.
Plaza Juárez de México, edición del 13 de diciembre de 2019.
El Hurón, edición del 14 de diciembre de 2019.
El Periódico de Tarija de Bolivia, edición del 14 de diciembre de 2019.
El Nuevo Liberal de Colombia, edición del 14 de diciembre de 2019.
Diario de Bucaramanga de Colombia, edición del 14 de diciembre de 2019.
Nuestra República, edición del 15 de diciembre de 2019.
Diario Extra de Costa Rica, edición del 19 de diciembre de 2019.
Magangué Hoy de Colombia, edición del 19 de diciembre de 2019.
La Razón de Bolivia, edición del 18 de enero de 2020.

sábado, 30 de noviembre de 2019

La mañana siguiente

Es bastante común hoy en los últimos años leer notas en la prensa internacional que hablan sobre Uruguay, fundamentalmente a partir del gobierno de Pepe Mujica. El pequeño país en el mundo que aprobó el matrimonio igualitario, el que despenalizó el aborto, el que legalizó la marihuana, el que avanzó en derechos, el que aprobó la jornada de 8 horas para los trabajadores rurales y reguló el trabajo de las empleadas domésticas, entre otras cosas. Uruguay el ejemplo regional y el mito del paraíso terrenal.
Un amigo chileno me preguntó “¿por qué van a cambiar si son todo lo que queremos ser? Hasta educación pública y gratuita tienen”. Pues bien, es difícil de explicar. No existe una única razón. El desgaste de quince años de gobierno, el relato que instaló la oposición de una presunta crisis que no es tal, la inseguridad ciudadana –que si bien no se compara con la situación delictiva de los demás países de la región, para los uruguayos es alta–, la falta de relato de gobierno y, desde mi punto de vista, algunos errores de campaña electoral, entre otros factores que pueden enumerarse.
Todos estos elementos y otros tantos seguramente formarán parte de la evaluación electoral que haga la dirigencia frenteamplista, así como también estará arriba de la mesa el crecimiento de votos inesperado de las últimas horas que llevó circunstancialmente a un empate técnico entre las fórmulas.
Este sorpresivo apoyo ciudadano posiblemente se dio producto del miedo infundido desde actores políticos vinculados a los ultraderechistas de Cabildo Abierto o al ruido de sables que desplegaron los nostálgicos gorilas de antaño. Pero también gracias a la militancia frenteamplista que salió a la calle a pelear, voto a voto, en defensa de los derechos y los logros alcanzados en las administraciones progresistas.
En la noche del domingo el Frente Amplio perdió el gobierno nacional, pero parafraseando al general Liber Seregni, es momento de pensar en la mañana siguiente. El período electoral uruguayo tiene una duración de casi un año. Comenzó en junio de 2019, con las elecciones internas, en octubre fueron las legislativas y presidenciales y en noviembre el balotaje. En mayo terminará el ciclo, con las elecciones departamentales.
La coalición multicolor ganó en 17 de los 19 departamentos en el balotaje. Solo en Montevideo y Canelones logró triunfar el Frente Amplio. En cambio, en la primera vuelta las fuerzas progresistas habían ganado en nueve, el Partido Nacional en otras nueve y la restante fue para los Colorados.
Las elecciones departamentales históricamente están en el debe para la coalición de izquierda, que mantiene desde hace 30 años su reducto en la capital, pero –más allá de Canelones–, no logra crecer en el interior del país. La mañana siguiente será mayo. La mañana siguiente es la oportunidad que nace en el horizonte electoral del Frente Amplio. Ya amanece la mañana siguiente.

Publicado en:
El Siglo de Guatemala. Edición del 27 de noviembre de 2019.
El Nuevo Diario de República Dominicana. Edición del 27 de noviembre de 2019.
Pueblo Guerrero de México. Edición del 27 de noviembre de 2019.
Semanario Voces de Uruguay. Edición del 28 de noviembre de 2019.
Rebelión. Edición del 28 de noviembre de 2019.
El Hurón de España. Edición del 28 de noviembre de 2019.
Magangué Hoy de Colombia. Edición del 28 de noviembre de 2019.
La Razón de Bolivia. Edición del 28 de noviembre de 2019.
El Periódico de Bolivia. Edición del 28 de noviembre de 2019.
Los Andes de Ecuador. Edición del 29 de noviembre de 2019.
Diario Extra de Costa Rica. Edición del 14 de diciembre de 2019.


domingo, 17 de noviembre de 2019

Uruguay, un país sin delfines

Es casi una regla, cada vez que uno llega a trabajar en una localidad que no es la suya los oriundos le hacen saber que aceptan sus sugerencias, que sin dudas funcionan en todo el mundo, pero allí, no. Su lugar es diferente. Y es verdad, es diferente. Este caso se da cuando uno cambia de continente, país, región, provincia, departamento, ciudad, pueblo y hasta de barrio. Todo bien, pero acá es distinto. Y tienen razón, es distinto.
Cuando se trabaja en consultoría lo primero es escuchar, interpretar, estudiar la coyuntura, los antecedentes, el sistema político, mediático y las reglamentaciones; saber quién es quién; pero también es fundamental entender las particularidades de cada lugar.
Uruguay no es la excepción. Yendo a contrapelo de la marca país Uruguay Natural, puede afirmarse que más allá de los esfuerzos de muchos, a lo largo de la historia, los delfines no sobreviven. Uruguay es el país de la muerte del delfín. Un país sin delfines.
Con el advenimiento de la democracia, y luego de la primera presidencia de Julio María Sanguinetti (1985 – 1990), este señaló a su sucesor, se trataba ni más ni menos que de su vicepresidente, Enrique Tarigo, quien había tenido una labor destacada en la recuperación de la democracia. El pueblo le dijo no, e incluso optó por votar al Partido Nacional.
Así asumió Luis Lacalle de Herrera (1990 – 1995), padre del actual candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou. Luego de uno de los gobiernos más nefastos de las últimas décadas, el candidato que contó con el apoyo del mandatario fue Juan Andrés Ramírez, quien había sido ministro del Interior en la administración blanca. Ni siquiera logró ganar dentro de su colectividad.
El gobierno volvió al Partido Colorado, nuevamente a Sanguinetti (1995 – 2000) que sobre el fin de su mandato presentó a su delfín: Luis Hierro López, también exministro del Interior. Se inauguraban en Uruguay las elecciones internas partidarias. Hierro no logró salvar esta instancia, por lo que el candidato y luego futuro presidente fue Jorge Batlle (2000 – 2005).
El gobierno de Batlle es recordado por la crisis del 2002, la más feroz que haya vivido Uruguay al menos en el último siglo. El colorado también tuvo su delfín, otra vez un exministro del Interior, Guillermo Stirling. Este sí ganó su elección interna, pero obtuvo la derrota más grande que haya sufrido el Partido Colorado en su historia, 10,61% de votos.
Con el Frente Amplio en el gobierno también existieron delfines. No es un secreto que el candidato de Tabaré Vázquez (2005 – 2010) para las presidenciales de 2009 era el ministro Danilo Astori, pero perdió la elección interna con José Mujica. Incluso el mismo Pepe Mujica tuvo su delfín, pero en las departamentales montevideanas de 2015, cuando apoyó la candidatura de su esposa, la vicepresidenta Lucía Topolansky. La intendencia terminó gobernada por el actual candidato a presidente por el Frente Amplio, Daniel Martínez.
Para el balotaje presidencial del próximo domingo 24 de noviembre todos los candidatos de los partidos políticos que obtuvieron representación parlamentaria llaman a votar por el candidato de la derecha, Lacalle Pou. Si bien este hecho supone un apoyo importante, los votos no se trasladan matemáticamente.
La alternativa frenteamplista al llamado de la oposición a votar a la derecha ha sido la ciudadanización de la campaña. Gran parte de la sociedad civil se ha organizado y rebelado ante este hecho. Artistas que convocan a cantar A redoblar, futbolistas y deportistas en general que difunden una carta en apoyo a Martínez, médicos, comunicadores, estudiantes, trabajadores y un largo etcétera que llaman a movilizarse y que buscan mantener la tradición: que Uruguay siga siendo un país sin delfines.

Publicado en:
El Siglo de Guatemala. Edición del 13 de noviembre de 2019.
El Hurón. Edición del 14 de noviembre de 2019.
Semanario Voces de Uruguay. Edición del 14 de noviembre de 2019.
Magangué Hoy de Colombia. Edición del 15 de noviembre de 2019.
Diario Extra de Costa Rica. Edición del 16 de noviembre de 2019.
El Nuevo Liberal de Colombia. Edición del 16 de noviembre de 2019.
El Post Antillano de Puerto Rico. Edición del 17 de noviembre de 2019.
El Peruano de Perú. Edición del 20 de noviembre de 2019.